
El Frente Amplio por México (FAM) se encuentra en un momento crucial que podría significar una una crisis interna devastadora. La división entre sus líderes podría mejorar el camino para la supremacía de Morena, pese a su idea de arrebatar el control de la Ciudad de México tras 26 años de dominio de la izquierda.
La tan necesaria unidad dentro de la alianza opositora parece más una utopía que una realidad, según los principales representantes del grupo, quienes señalan que están más cerca de la ruptura que de un acuerdo.
Ni el PRI ni el PRD están dispuestos a respaldar al candidato del PAN sin obtener concesiones. A pesar de un «preacuerdo» para distribuir candidaturas entre los partidos, la postura del priista Alejandro Moreno y del PRD indica que llevarán el proceso de selección hasta el límite, retrasando la elección de un candidato hasta principios del próximo año.
Esta dilación podría otorgarle a la candidata de Morena, Clara Brugada, una ventaja de «campaña que no es campaña», mientras que el FAM no logra consolidar una alternativa sólida. A pesar de las ventajas que podría brindarle el FAM, la complejidad del escenario político ante un partido gobernante que es una maquinaria electoral impone retos insuperables, aunque en la capital del país sí se vislumbren posibilidades reales de alternancia.





